Cuento: Travesía a la Guardería

Edad recomendada: Desde los 8 años

TRAVESÍA A LA GUARDERÍA.

El carruaje real de la familia Nevado sale temprano del palacio. En su interior se encuentra la princesa Umi, luciendo un hermoso broche de flores azules que adornan sus rizos. Con desgano observa a través de la ventana suspirando cada dos metros, frente a ella, Tsuki Del Silencio la observa con los brazos cruzados luciendo su vestido semi-formal, uno que no le impide tener la agilidad que necesita como guardia y escolta de la chica. Junto al chofer, otros dos guardias las acompañan. Después de todo, ambas solo tienen catorce años, y es la primera vez que cumplirán con una tarea política.
Cada temporada la reina suele hacer una visita a las guarderías del reino y hoy le ha dado ese trabajo a su hija, ya es momento de que empiece a tomar algunas responsabilidades ella sola.

—Seguro que no te supone problemas, no deberías preocuparte— Intenta animarla Tsuki.
—No es que me preocupe, es que lo encuentro tan aburrido…
—Ah. Contra eso no puedes hacer nada —Responde con naturalidad y acercándose al vidrio agrega— Creo que ya hemos llegado.
Umi vuelve a mirar antes de negar.
El camino de tierra y los árboles del sector rodean una pequeña cabaña, la cual en sus jardines se encuentra impregnada de animales de granja. Como ya varias veces ha hecho el viaje, Umi sabe que esa casa se encuentra cerca pero no dentro del pueblo.
—¿Falta mucho? Pensé que sería más cerca.
—Se nota que no sales mucho…
—No tengo tiempo, lo sabe.Con el sonar de las herraduras de los caballos que fingen ser una repetida melodía de fondo, la princesa hace un recuento de cómo debería ser la visita y el tiempo que tardarían en los pequeños detalles desde que entran hasta que salen de la guardería, sin evitar reclamar por la tediosa tarea.
—No me gusta la idea de hacer un viaje tan grande solo por ver a unos niños… —Dice frunciendo ese rosado ceño que tiene.
—No seas tan quejumbrosa. Tienes más cosas que todo este pueblo junto.
—No es mi culpa.
—¡Mira! ¡Un mercado! —Interrumpiendo la conversación Tsuki indica la ventana.
Un campo antaño vacío se encuentra repleto de pequeñas e improvisadas tiendas, varias personas pasean y observan las artesanías y dulces que se ofrecen entre las verduras y frutas allí expuestas.
— Deben haber muchas curiosidades allí —Comenta Tsuki con brillante mirar.
—¡Qué entretenido! ¿Qué tal si vamos?
—¿Qué hay de la guardería? —La mirada aturdida de Tsu no opaca la adrenalina de Umi.
—Iremos un poco más tarde, no dirán nada. ¡Vamos, vamos! —Alzándose golpea la pared del carruaje y por medio de la pequeña ventana que le permite comunicarse con el chofer pide se detengan con urgencia.

Por el tono de la princesa, es inevitable para los hombres obedecer, y preocupados los dos guardias se apresuran para abrir la puerta y ayudar a las niñas a bajar pensando que algo malo ha ocurrido. Es por esto que verlas estirarse con relajo y una gran sonrisa por parte de la mimada niña los sorprende de tal forma que en sus rostros se descubre al instante. La mirada tímida de la pequeña soldado hacia los adultos delata que las intenciones de Umi no son adecuadas, poniendo en alerta al hombre a cargo.
—¿Todo está bien?
—Sí, gracias. Pueden seguir su camino, nosotras los alcanzamos a pie.
—¿Qué? Princesa, disculpe usted, pero su padre ha dado orden de acompañarle hasta la guardería del pueblo. No podemos dejarla aquí. —Contradice el oficial; Un hombre grande y robusto con mucho cabello rizado y rubio.
—No se preocupen, Tsuki cuidará de mí sin problemas. La guardería se encuentra a unos cuantos metros. Caminaremos desde aquí. —Afirma y colocando sobre su ajustado peinado un sombrero amplio y blanco, igual que la nieve de la temporada fría.
—Umi no creo que sea conveniente… —Insiste Tsuki preocupada por las miradas que le brindan sus superiores. Como si fuese su culpa que la princesa quiera pasear en lugar de seguir su camino.
—Solo pasearemos por el mercado unos momentos, nos encontramos allá. Sigan sin cuidado —Sonríe haciendo una reverencia.
—Princesa, no quisiera contradecirla —Le detiene el hombre antes de argumentar —lo que nos pide es imposible de hacerse.
—Está bien, espérenos aquí entonces —Dice con una mueca de disconformidad y, cogiendo la mano de su amiga, la jala hasta el lugar deseado.
Mientras es arrastrada Tsuki repite constantemente que es una mala idea actuar de ese modo, que sería una irresponsabilidad y llegarían atrasadas, pero con una gran sonrisa Umi la ignora comentando los bellos objetos que hay en los locales cercanos.

—Eres una mimada, luego nos van a castigar y será tu culpa —Insiste la guerrera con el ceño fruncido, antes de distraerse con una daga de mango tallado a mano.
Además de las típicas cosas que encuentras en un mercado, se encuentran flores que bailaban buscando la mejor posición para recibir luz solar, animales que hacen trucos divertidos, alfombras con bellos colores, espadas de materiales extravagantes, arcos y flechas con diversos diseños y vestidos traídos de los reinos más lejanos a Nevada.

Las dos niñas comenzaron a observar los puestos uno a uno, siempre observadas desde lejos por los guardias que tras unos minutos, ya no logran divisarlas por el tumulto de gente, en especial cuando se reúnen todos en torno a los animales que amaestrados ofrecen un agradable espectáculo. Entre risas aplauden junto al resto del público y vuelven a los últimos locales que les quedan por ver, pero una suave brisa hace volar el gran y adornado sombrero de la princesa, quien dando un grito corre por alcanzarlo.

—Solo es un sombrero, déjalo— Tsuki la detiene en primera instancia, pero, vanidosa ella hace caso omiso y sigue corriendo hasta un gran árbol, que con sus ramas ha detenido el objeto.
—Se ha atascado, se rasgará— Dice compungida.

—Será… bueno, vamos.
—Tsu… no puedo dejarlo allí, fue un regalo de papá por mis 14 años— Ruega torciendo sus labios con pena.
—Ya, ya… tranquila, tranquila. Espera aquí y yo subo por él— Sonríe resignada.
Sin creer que tanta importancia tenga un simple sombrero comienza a trepar el árbol, agradecida de no llevar uno de esos vultuosos vestidos de princesa. Quien, entre tanto feliz y nerviosa le pide tenga cuidado en cada pisar, y por sobre todo que no vaya a dejar que se estropee el hermoso sombrero que debe rescatar.
—Vaya…— Piensa divertida de las palabras de su amiga, y se sorprende al no oír más nada. Ni berrinche ni ánimo… nada.
—¿U, está todo bien abajo?— Pregunta antes de estirarse para jalar el deseado sombrero.
—Ha llegado un hermoso cachorro de esos verdes. ¡Ven apresúrate, es muy tierno! ¡Lo amaras!— Grita desde el piso y Tsuki suspira divertida.
—Un cachorro tenía que ser— Piensa, y se dispone a descender.

Antes de llegar a las raíces del árbol, el agudo grito de su amiga la sobresalta y sin pensarlo dos veces salta para socorrerla… pero, lo que se encuentra es a la princesa corriendo en círculos tras el verde animal, como si de atraparlo dependiese su vida entera.
—¡Vuelve aquí ladrón!— Exclama Umi, y el animal le mueve la cola con felicidad sin obedecer.
Doblándose de risa Tsuki la mira sin mostrar un atisbo de intención por ayudarla, algo que Umi no tarda en reclamar al oír sus burlas continuas. En tanto el animalillo luce en su hocico el bello cinto de piedras preciosas en cadena de oro que la princesa lleva siempre consigo adornando su falda. Es claro que el animalillo lo ha jalado en busca de un divertido juego que a Umi no le hace tanta gracia.

Si bien en un inicio la guerrera no quiere ayudar, al ver tan complicada a su amiga se ve obligada a ello, o jamás podrían seguir con su camino. Sin embargo el pequeño con sus buenos atajos se vuelve escurridizo haciéndolas correr y sudar, saltar muros y cajas que las llevan a desviarse de todos sus planes y alejarse del curioso mercado que visitaban. Finalmente Tsuki consiguen atrapar al cachorro juguetón lanzándose sobre él, pero no es hasta que han llegado a una población con pequeños pasajes y jardines similares uno al otro. El pequeño se hace con el cinturón con tanta fuerza que Tsuki intenta abrirle la boca con las manos, pues tampoco desean lastimar a tan tierno y alegre animal.
—¡Greg, Greg! ¿Qué haces? ¡Perro malo!—  Grita una mujer acercándose al trote.

Los gritos y pasos de la mujer motivan al cachorrito a soltar el objeto y correr a ella, que compungida lo toma entre sus brazos antes de disculparse.
—No sabe cuánto lo lamento señorita. Es solo un cachor… ¡Princesa Umi! OH, mil disculpas princesa— Se inclina avergonzada.

En tanto Tsuki se pone en pie sacudiendo sus ropa y pasando el cinto babeado a su amiga.
—No se preocupe, no se preocupe. Es un animalito tierno, solo quería jugar estoy segura.
—Es muy comprensiva princesa, se lo agradezco. ¿Existe forma de agradecerle?
—Solamente cuidando de su mascota, no necesito nada más— Sonríe y acaricia al cachorro.

La mujer, como es de esperar asiente agradecida, y Umi mira a su amiga pidiendo le ayude con la situación, no suele estar frente a los del pueblo así…. y su amiga le da una significativa mirada.
—Puede enderezarse, por favor. Siga con sus labores, no se preocupe por mi presencia.
—Debemos irnos.
Tsuki la guía hasta el final del pasaje, observan curiosas los jardines y caminan algunas calles antes de notar un lago pequeño cercano a una plaza… Es entonces cuando reaccionan en que no reconocen el sector.
—¿Cómo llegamos aquí?— Tsuki observa el cielo reconociendo los puntos cardinales algo despistada.
—No lo sé, tú has estado guiando.
—¿Yo?
—Claro…—Genial—. Tsuki posa ambas manos en sus caderas antes de mirar alrededor. — Le informo princesa, con la venia que me concede… Que nos encontramos perdidas— El sarcasmo y la mueca de disconformidad no logran ofender a la princesa ya que le preocupa más la información recibida.
—¿Qué, me trajiste a cualquier lado?
—No, yo solo te seguía a ti.
—¿Qué? ¿No sabes dónde estamos?
—Tú has venido más seguido a este pueblo que yo.
—Venir en carruaje no sirve para conocer.
—Tampoco entrenarse para soldado casi todo el ciclo— Contraataca.
—Bueno… caminar hasta encontrar algo que reconozcamos, parece lo mejor.
—¿Quieres que yo camine por allí sin sentido? ¿Se te olvida quién soy?— Pregunta como si le pidieran una locura.

Incrédula Tsu la mira de arriba abajo con el ceño fruncido.
—¿Estas sorda acaso?— Pregunta, es obvio que si quiere que camine por ahí sin sentido. — Si no quieres… puedes muy bien quedarte aquí sola. Yo caminaré hasta encontrar el palacio y llegando les digo que estas perdida y vengan a buscarte.
—Bien, me sentaré por aquí y esperaré a que vengas por mí— Dice agradecida y aliviada.
Muda, la guerrera alza una ceja, está claro que Umi no comprendió el sarcasmo de sus palabras y medita cual sería la mejor forma de hacerla entender…
—¿Eres tonta? —Sí, debió pensarlo más. Puede que su sangre noble le impida ser más respetuosa con la hija de los reyes. —No puedo dejarte aquí ni aunque quisiera. Si vuelvo sin ti me cortan la cabeza. Ponte de pie de una vez— Regaña obligándola ir consigo.
—Pero soy una princesa. No puedo dar dando vueltas en círculos y sin sentido. Se me hincharán los pies y me cansaré…— Empieza a quejarse mientras avanzan.
Claramente, Tsuki no le presta la menor atención a esas palabras.

El cielo comienza a oscurecer y ellas siguen perdidas. Más de una luna se apodera del cielo que poco a poco se llena de estrellas. Los cortesanos ya casi no se ven y los pocos que aún pasean por las calles las observan curiosos atraídos por sus ropas llamativas. No así la mirada de ellas, que se centra en aquel hombre de mejillas coloradas que se tambalea de un lado a otro, y mientras extiende sus manos al cielo grita exaltado: ¡Ha vuelto! ¡Ha vuelto el rey Stevenson!
Con su y gestos, sumado a sus sucios ropajes el hombre provoca un obvio rechazo en las chicas que intentan mantener la distancia entre ellas y él que se les acerca con su torpe andar.
—Ha venido a vengarse, veeeengaaarse— Continua, ignorando el hecho de que ellas se apartan y lo evitan sigue hablando de sus delirios a los demás que se encuentran caminando por la calle.
Mirando de reojo al hombre y las miradas extrañas que le brindan los que están cerca, siguen escuchando el vago hablar sin sentido del viejo.
—¿El rey Stevenson? Ese hombre está loco…— Dice Umi, cogiendo temerosa el brazo de su amiga.
—No le hagas caso, solo repite las palabras de esa tonta leyenda. Ha de estar ebrio— Le calma.
Por su parte, Tsuki no ha cambiado su serio semblante desde hace varios minutos. Se encuentro realmente frustrada. No lleva ni un año como guardia oficial del reino y ya ha dejado que la princesa se pierda en medio del pueblo “Soy un asco” Piensa con una sonrisa torcida. Su primer trabajo y ya lo ha estropeado…
—¿Y cuál es esa leyenda?— Umi la devuelve a la realidad.
—¿No la conoces? Deberías escuchar más a tus pueblerinos…— Se burla antes de narrar la historia.

Hace tiempo ya que se decía, que el viejo rey Stevenson, tras morir en la batalla por sus tierras quedó atrapado después de la muerte, gracias a sus ardientes deseos de venganza. Esperando siempre, que algún descendiente de los culpables de su horrible pérdida se pasara por allí para matarlo como lo mataron a él.
—Espera, ¿hablas de mi familia?
—Bueno, son ustedes los únicos que quedan de los que le mataron.
—Pero eso fue hace muchos, muchos, miles de años. Es una tontería… ¿verdad?
—Claro que sí— Asegura y continua —dicen que antes de que aparezca se siente un fuerte olor a hierbas; que era su té favorito. Y que se pueden oír los cascos de sus caballos y el llegar del carruaje real. También, que al caminar deja las marcas de agua por salir de su tumba en el fondo de la laguna nevada.
—¿Está enterrado allí?
—No. Quedó enterrado allí según dicen. Pero, tú lo dijiste, son tonterías.
—Sí, seguro que son mentiras. De esas que cuenta Alan para asustarme. ¿Verdad Tsu?
—Claro que sí— Sonríe y mira con detención a la chica, cada vez más apegada a su brazo y mirando alrededor. — ¿Te lo has creído?
—No. No…— Titubea argumentando que el frío es lo que le tiene tan blanca — Espero que encontremos pronto la guardería.
—Yo espero que encontremos pronto el camino.
—Si no llego, mamá se decepcionará.

Tras varios minutos, se ven caminando por un sector de firmes edificaciones, las que han sido bellamente estructuradas en piedra, las ventanas y puertas de madera se encuentran cerradas para evitar el frío. Los locales de bebida nocturna empiezan a llenarse de trabajadores cansados con deseos de perder el estrés acumulado en el día y ellas siguen avanzando, han encontrado la calle principal del pueblo y tienen una vaga idea del lugar al que pueden ir. El repentino sonar de las ruedas de un carruaje con caballos los que llaman su atención alegrándolas, pues sospechan que puede ser el carruaje de palacio, no obstante, un potente olor a hierbas llega al mismo tiempo a sus narices.
—¿Lo has sentido?— Pregunta Umi con terror.
—Debe ser el carruaje, deben estar buscándonos.
—No. El olor Tsu, son hierbas. Es el rey fantasma.
—Hierbas… a sí, también las huelo. Pero no creo que sea el fantasma, es solo una historia— La mira poco convencida.
—¿Y de donde viene entonces ese aroma?
—Pues seguro que de una casa… Quizás…— Mira alrededor sin encontrar ventanas abiertas, exceptuando el bar. —Ah… no sé.
—Te lo dije, es el rey— Insiste asustada — Viene por mí, quiere matarme— Añade aferrándose con aprehensión a la niña.
—No. Han de ser mentiras. Te estas dejando sugestionar U— La calma, pero, un brillo dudoso se vislumbra en sus verdes ojos.

Los cascos de los caballos se acercan, e inevitablemente tiemblan un poco. Las luces de los faroles que al carruaje acompañan se ven al final de la calle, con un brillar tenue en el atardecer dando una mala impresión para quien le observa con miedo.
—Jovencitas ¿qué hacen a estas horas por aquí?

Un hombre mayor se acerca preocupado, pero, contra sus intenciones provoca un sobresalto en las niñas que reaccionan a correr despavoridas lejos del lugar, hasta dar con una plazoleta ubicada a un lado de la laguna principal del pueblo.
—Que espanto, que miedo. ¿Ahora a dónde vamos?
—Que tontas…— Se recrimina Tsuki, apartando unos cabellos de su rostro.
—Tsu… que miedo, ¿crees que nos siga?
—No sé. No sé si quiera si me creo ese cuento— Argumenta antes de notar en la orilla de la laguna un camino hecho por zapatos de gran tamaño.
Alguien salió de allí dejando sus marcas en el barro.
—Estoy enloqueciendo…— Dice para si la guerrera.
—Ay, mis ancestros… Que feo. ¡Son las pisadas del rey fantasma, Tsuki!— Chilla la princesa abrazando a su amiga con espanto, quien aún no termina de creerse el cuento…

A lo lejos se escuchan los cascos de los celestes caballos que jalan el –según parece- viejo carruaje. Como ya están más claras del lugar en que se encuentran, corren precavidamente tomadas de la mano hacia el centro del pueblo y de ahí a la guardería buscando un resguardo para sus vidas.

Las calles que cada vez están menos iluminadas se encuentran apenas habitadas; en su interior las familias probablemente disfrutan de una cena y ellas, a paso rápido huyen de aquel carruaje que pareciera ir siguiéndolas. Ocasionalmente con pavor descubren las marcas, cuales pisadas en el camino… Acelerando sus latidos. Temblorosas, ambas chicas logran llegar a la guardería, se apegan a los muros de entrada para descubrir que se encuentra totalmente desolada.
—Ya pasó la hora de cierre…— Afirma Tsuki.
—Estamos perdidas. Me atrapara, me cogerá y hundirá en el fondo del lago con él— Gime la princesa, abrazando a su amiga y hundiendo su rostro en el pecho de esta.
Una vez más se escuchan como una melodía repetida los cascos de los caballos contra la tierra, la luz de los faroles encandila a la guerrera que corrió el rostro para evitar la luz y con la mano evita llegue de forma directa a sus ojos, es entonces cuando la gruesa y grave voz de un varón las llama con potencia.
—Princesa Umi, Del Silencio, ¿son ustedes?
—Las hemos estado buscando hace horas— Asegura otro de los hombres que se encuentra al lado contrario de la luz.

El general se baja del carruaje sonriendo, cuando se encuentran más cerca y las ilumina al tiempo que comenta lo preocupados que estaban.
—General Oscar…— Musita la guerrera atontadamente.
¿Cómo ha podido creerse ese cuento de niños?
—¿Don Oscar?— Umi levanta la vista tímidamente.
—Disculpe que no la esperásemos, pero al no verles en el mercado creímos que habría venido por su cuenta hasta aquí. Luego nos dimos cuenta de lo contrario.
—No se preocupen, estamos felices de que nos encontraran— Sonríe Tsuki con sorna, y resignada guía a su amiga hasta el carruaje real, prometiéndose nunca más creer en esos cuentos tontos.

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