Cuento El gran Banquete

Estación florar, Eriumelo 20
Terminadas las vacaciones escolares de la Estación del Agua, la familia Grant se instaló en un departamento brindado por el palacio para que sus aprendices y familiares puedan encontrarse cerca del palacio y ser preparados como corresponde a la futura guardia real del planeta. Fue por estas mismas vacaciones que el Banquete de presentación del aprendiz noche se pospuso hasta llegada la Estación Floral, fecha en que Michelle y sus hijos menores se quedaron en Ciudad Capital, pasaron la tarde con Teodoro y Emerik que viajaron esos últimos días de la semana. Y así con el cálido sol naranja en el cielo, los niños Grant disfrutan del pasto y el delicioso aroma a flores en el parque Infinito; el más grande y concurrido de ciudad capital. Adornado por un hermoso pasto dorado que parece una alfombra interminable, se bordea por frondosos arbustos de ramas también doradas y hojas color calipso. En distintas ubicaciones se pueden observar grandes y antiguos árboles que dan sombra a quienes van a descansar, jugar o compartir. Pero también los árboles se diferencian de los que conocemos, sus troncos varían entre los colores morados o conche vino y sus hojas son casi siempre de colores vivos. Sentados sobre un mantel de color azul, Michelle y Teodoro se ponen al día con sus vidas y observan felices a sus hijos que juegan y corren por el lugar.
Estela hace bailar sus lisos rubios cabellos al correr tras Emerik y Dennis, quienes persiguen aquella cometa de vivos colores que han hecho elevarse en el cielo. Con risas y saltos juegan felices disfrutando la primera Estación del año en que apenas hay suaves brisas de vez en cuando, como en esta ocasión en que corre tan fuerte, que la gorra color mostaza del mayor, los chicos vuela hacia los arbustos cercanos al camino Yuma.
-Den sostén el control, -indica el jovencito corriendo por su gorra hasta unos matorrales y logra divisar las aguas del Rio Galathia.
Emerik sonríe admirado de aquel nuevo paisaje. El Río de aguas blancas, en que se reflejan los hermosos rayos naranjos del Sol cálido, cruza el sector dajimo de la ciudad y se encuentra apartado del Parque Infinito por el camino Yuma, el cual no es muy ancho ni concurrido y bordea la mayor parte de este. Mientras disfruta el paisaje se distraer al oír un crujir de ramas y su vista se desvía hacia las hojas y el pequeño animalejo que entre ellas se esconde.
—Eh… ¿Y tu quién eres? —Pregunta con una enternecida sonrisa. Sus ojos dorados se fijan en aquel ser de seis patas, y orejas tan caídas como afelpadas.
Estirando sus manos hacia el animal lo coge y acaricia suavemente, en su vida solo ha podido ver un bijone en imágenes ya que en Anafiel solo podría encontrarlo en las colinas. Probablemente este ha salido de los bosques cercanos.
—¿Qué sucede Emerik?— Con la cometa en sus manos, Dennis se acerca curioso y junto a él, Estela también.
—Hay un bijone aquí.
—¡Yo quiero verlo! — Se acerca corriendo Estela con mucho entusiasmo.
—Ten cuidado puede morderte.— Advierte Emerik colocándose la gorra firmemente sobre sus morados y ondulados cabellos al tiempo que se hace a un lado permitiendo a sus hermanos apreciar al bello animalito.
—¡Que lindo! ¡Esta hermoso!— Exclama con jubilo contenido la más pequeña y coge en un fuerte abrazo al animal que se aterra un poco.
—Estela le asustas, no debes gritar.— Regaña suavemente Emerik.
—Lo siento.
—Está muy tierno. ¿Esta solo por aquí?
—No lo sé Den, parece ser salvaje.
—¿Podemos quedárnoslo?— Ruega la pequeña mirando al mayor de los hermanos que niega,
—Habría que preguntarle a Mamá.— Acota Dennis y sonríe al ver que Estela corre apachurrando al pequeño bijone en sus manos.
—Sabes que mamá dirá que no.— Reprocha Emerik mirando al rubio chico que esboza una traviesa sonrisa.
—Pero quizás a Estela le diga que sí.— Explica mientras ambos avanzan hacia sus padres. —Yo también me lo quiero quedar.
—No creo que eso pase… no se admiten animales en los departamentos.
—Los animales chicos sí.
—Pero el bijone crece mucho Dennis.
—¿En serio?

Tal como preveía Emerik Michelle y Teodoro se negaron rotundamente a conservar al bijone como mascota. No solo por que Michelle y los más pequeños viven en un departamento, sino porque aquel animal es salvaje y requiere de más cuidados de los que ella quiere brindar. No obstante, les dejaron jugar con el un buen rato más. Corrieron por el parque, lo entretuvieron, alimentaron con fruta y agua y se divirtieron conociéndole hasta que llegó la hora de marcharse, en pocos minutos llegaría un carruaje en busca de Dennis y el adulto que le acompañase a ese banquete tan esperado al que asistirán tantas personas importantes.

—Guarden sus cosas chicos, Dennis ven aquí.— Dice la mujer con la mochila del niño en sus manos para ayudarlo a colocarla en su espalda. –Tienes todo guardado.
—Sí, llevó el libro de cuentos, el muñeco de Kern y la colación.— Afirma en tanto su madre sube el cierre de la chaqueta.
—Perfecto. Estela, ve a dejar a tu nuevo amigo. Debe regresar a casa y tú también.— Comienza la mujer al tiempo que Teodoro toma la ocasión para hablar con su hijo.
—No te apresures en nada, recuerda que estarás con gente importante hijo.
—Sí papá.
—Come todo lo que te sirvan y obedécele a tu madre.
—Y si me dan algo que sabe mal…
—Tienes que comerte todo, no querrás quedar mal frente a toda esa gente. ¿O sí?
—No papá… no quiero. ¡He! ¡Estela, espera yo te acompaño!— Exclama al notar que la niña va sollozando hacia un extremo del parque con el bijone en brazos. –Yo te acompaño.— Reitera cuando llega donde su hermanita, quien resignada ha aceptado abandonar al pobre animal donde lo encontraron.

Entre sollozos Estela avanza hasta el borde del parque, siempre bajo la mirada atenta de su hermano. Ambos acarician al pequeño “felpudo” como le ha llamado Dennis y la niña seca sus lágrimas sin querer ponerse de pie tras depositar al ser en el pasto, en cambio Dennis mira hacia atrás a sus padres, Teodoro cruza algunas palabras con Emerik y Michelle les vigila de cerca a él y Estela, pero, voltea y dirige su atención a otro sector repentinamente “Niños apúrense, ha llegado el carruaje de palacio” Indica y corre hacia el mencionado carro. Rápidamente se quita la mochila y la abre para guardar al animal en ella, pidiendo silencio a la niña que sonríe traviesa y asiente.

—¡Dennis, Dennis! ¡Apúrese hijo!— Insiste la mujer luego de despedirse de Emerik y su marido. –Estela pórtate bien querida.— Ruega antes de tomar de la mano al pequeño y correr con este hacia los escoltas.

PRONTO LA SIGUIENTE PARTE LA TRASPASO A LA WEB, POR AHORA PUEDEN ENCONTRARLO EN MI BLOG.

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